29 de enero de 2017

¿Dolor o sufrimiento? ¿Sabes cómo eliminarlos?

¿Sabes que el dolor y el sufrimiento son cosas muy distintas y que actúan también por separados y de distinta manera? ¿Sabes la capacidad que tiene tu Inteligencia Emocional a la hora de que intentes superarlo?

No es lo mismo el dolor que el sufrimiento.

El dolor es aquello que sentimos, mientras que el sufrimiento es aquello en lo que llegamos a convertir eso que sentimos a causa del dolor.

Ufff...algo enrevesado, ¿verdad?.

Vivimos en un mundo en el que a la mayoría de las personas les gusta regocijarse en su propio sufrimiento.



"Yo es que tengo depresión y no puedo evitarlo", "Es que tengo una vida muy estresada", "Es que....", "Es que....", "Es que....."

Y así hasta el infinito y más allá.

¿Por qué nos hemos acomodado a nuestros dolores y problemas? ¿Acaso nos gusta vivir así?

Seguro que a la mayoría lo primero que se les viene a la mente es: "Es que no se cómo evitarlo".

Y si lo supieras, ¿lo pondrías en práctica?.

Si te muestro un método en el que puedes eliminar ese tipo de dolores y sufrimientos de tu día a día, ¿realmente te decidirías a hacerlo?

Pues depende.

¿De qué depende?

De según lo que haya que sacrificar para conseguirlo.

Hay personas a las que cambiar (aunque sea para bien), les supone un problema.

Se pasan su vida en puro sufrimiento y cuando alguien le muestra la fórmula perfecta para cambiar de vida, simplemente no lo hacen por miedo a ese cambio.


Los circuitos neuronales del dolor



Bueno, pues vamos a empezar ya con este tema un poco más a fondo.

Cuando sientes dolor por algo, ya sea físico o emocional, se crean en tu mente una serie de circuitos neuronales que hacen que ese dolor se produzca.

Es decir, lo mal que puedes llegar a sentirte, es debido a que ese circuito neuronal permanece activo.

Mientras más tiempo permanezca en actividad, más tiempo te durará ese dolor.




Cuando te centras y te enfocas en ese circuito neuronal, es imposible que el dolor que produce cese.

Pero ahora viene lo mejor.

¿Sabes qué sucede cuando cambias de foco?

Es decir, ¿sabes qué sucede con ese circuito cuando te centras en otro que te produce otra sensación y estado distinto?.

Pues que esas neuronas que provocaban el dolor se enfrían y nuestra mente empieza a dejar de prestarles atención.

Tienes que entender a tu mente como una especie de motor. Cuando la actividad se concentra en una parte en concreto, esa parte se calienta en exceso y provoca malestar en general.

Si por el contrario calentamos otra parte de ese motor, estamos consiguiendo que se enfríe la anterior, con lo que ese dolor que nos parecía abrasador, ahora no lo parece tanto pues estamos enfocados en otro mucho más caliente.

Un ejemplo algo raro, pero bueno.

Lo que quiero que entiendas es que cuando cambias de foco y dejas de centrarte en tus dolores, éstos empiezan a desaparecer.

¿Por qué?

Tu cuerpo realiza miles de acciones de forma involuntaria y sin que apenas te des cuenta de ellas.

¿Eres capaz de controlar el latido de tu corazón, o el parpadeo, o la acción de respirar?

Si te centras en ello seguro que sí, pero si no te centras en esas acciones, lo más seguro es que sigan actuando de forma automática y sin que te des cuenta ni las percibas.

¿Te imaginas si conviertes el dolor en una de esas acciones que aunque sucedan pasan desapercibidas para tu cuerpo?.

Pues eso es lo que consigues cuando cambias de foco.

Pruébalo y te darás cuenta de que tengo razón.

Pero, ¿sabes qué es lo que le sucede a la mayoría que prueba esto?

Pues que cuando sienten alivio, empiezan a cuestionarse el porqué.

Y eso les hace dudar de si ese alivio es real o ficticio.

Y cuando dudan, vuelven a conectar sin darse cuenta ese circuito neuronal que activaba el dolor.

Con lo que éste vuelve de nuevo y la persona acaba pensando que todo lo que acabamos de hablar no sirve de nada.

Cuando en realidad lo único que no sirve es tu capacidad para mantener tu enfoque en lo bueno y no irte para lo malo.


Algo desconocido sobre la capacidad de nuestra Inteligencia Emocional


Pues es una de las muchas cualidades que posee nuestra Inteligencia Emocional.

No solo el tema de controlar y administrar emociones, sino el arte de centrarnos y utilizar aquellos estados emocionales que realmente nos interesan y hacer de ellos la base de nuestro desarrollo personal.

Las emociones influyen en casi todo lo que te ocurre y es por ello la importancia de saberlo todo acerca de ellas.

Por eso mismo, tenemos que diferenciar entre dolor y sufrimiento.

El dolor es algo que sucede con la ley causa-efecto, es decir, haces algo (o lo piensas) y crea una respuesta en forma de emoción, que genera en tu cuerpo un cambio. Si ese cambio es demasiado brusco enfocado en la negatividad, provocará dolor.

Ya te he dicho que da igual que sean dolores físicos como emocionales. Todos se generan de la misma forma, unos mediante actos físicos y otros mediante pensamientos.

Imagina que has tenido un mal día en tu trabajo. Reuniones, mucho trabajo, quejas de tu jefe, horas delante del ordenador, etc...

Llegas a tu casa y tienes un dolor de cabeza increíble.

¿Qué haces?

Te centras en ese dolor y en cómo puedes eliminarlo.

Todo lo que haces a partir de entonces tiene como fundamento básico ese dolor.

Y además no sólo influirá en cómo te sientes, sino también en qué harás con lo que te queda de día.

Probablemente te tomarás una aspirina y te acostarás para que se te alivie.

¿Qué sucede si cambias de enfoque?

Es decir, ¿qué sucede si fueses capaz de olvidar ese dolor de cabeza para centrarte en algo mucho más importante y deseado por tí?.

Pues que el dolor pasaría a un segundo plano, las neuronas que estaban interconectadas y que activaban ese circuito de dolor, se enfriarían y pasarían a convertirse en sensaciones inconscientes que pasarían desapercibidas por tu cuerpo.

En pocas palabras, el dolor desaparecería de tu consciencia.

Pero.....ahí viene la incredulidad del ser humano y seguro que te empezarías a preguntar: "¿Realmente ya no me duele la cabeza?" "¿Por qué habrá sido, si no he hecho nada?".

Y ¿sabes qué consigues con eso?

Que el dolor vuelva.

El segundo punto es cuando conviertes ese dolor en sufrimiento.

Al contrario que el dolor, el sufrimiento es totalmente consciente.

Hemos hablado de que puedes convertir cualquier dolor en algo inconsciente y que pase desapercibido, pero con el sufrimiento no podrás hacer lo mismo, porque es algo que tú deseas y que tú mismo provocas.

Se trata de padecer y vivir dentro de ese dolor.

Te acomodas a esa sensación negativa y no quieres salir de ella.

Disfrutas de tu sufrimiento y te regocijas en él.

Haces de todo eso, tu estilo de vida y es por ello que a la mayoría de las personas les cuesta tanto salir de ese estado de placer negativo.

Casi todo el mundo tiene miedo de vivir, y por eso se limitan a sobrevivir.


Los distintos tipos de sufrimiento


Existen varios tipos de sufrimiento emocional: el miedo, la frustración, la aceptación y la peor de todas....las excusas de "no puedo", "no quiero".

Te digo la peor de todas porque es la que hace que no podamos ( o queramos) salir de nuestro estado de ser.

Este tipo de sufrimiento es el que nos mantiene en un estilo de vida de negatividad crónica y no queramos ninguna solución para salir de él.

Por muchas soluciones que les pongas a este tipo de personas, siempre tendrán su excusa para mantenerse en su estado, a pesar de que sufran estando en él.

Es como si no quisieras salir de la mierda en la que te encuentras, porque dentro de ella estás más calentito que fuera.

Pero, ¿fuera estarás mejor, verdad?

Si, pero dentro estaré más calentito que fuera (respuesta típica de nuestro inconsciente para mantenernos en nuestro estado).

Aquí, cambiar el foco ya no sirve como hemos visto que funcionaba con el dolor.

El dolor es algo más inconsciente y salta cuando se activan ese circuito neuronal específico a fin de que nuestro cuerpo reaccione.

Y ese dolor podemos hacerlo pasar desapercibido si así nos lo proponemos.

Pero con el sufrimiento no ocurre lo mismo, por que no activa ningún tipo de circuito neuronal en tu mente.

Simplemente es un estado de ser que te gusta mantener por las razones que sea.

Eres tú el que de forma voluntaria y consciente mantienes ese sufrimiento en tu vida, aunque el dolor haya desaparecido por completo.


Ten en cuenta que el sufrimiento no tiene porqué tener presente ningún tipo de dolor.

Pensar en exceso provoca sufrimiento y agotamiento mental. Correr una maratón también provoca sufrimiento y desgaste físico.

No tiene porqué haber dolor.

Buda decía que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento siempre es algo opcional.





Todo tiene su fundamento en nuestros pensamientos.

Si mantienes un pensamiento negativo, éste te acompañará como tu carga pesada durante todo el tiempo que así tú lo determines.

En la gran mayoría de los casos, las personas que sufren durante un largo periodo de tiempo es a causa de su forma de pensar.

Cuando adquieres pensamientos que no se asocian con la realidad, empieza a nacer el sufrimiento.

Es decir, cuando no eres capaz de ver las cosas tal y como son o no eres capaz de darle su lado positivo, es cuando empiezas a sufrir. Aunque algunas veces, ser realista en exceso también trae sus problemas.

Insatisfacción mental en estado puro.

También cuando no quieres despegarte de pensamientos negativos y pretendes mantenerlos en tu día a día, acabarás sufriendo. Por ejemplo los típicos pesimistas que ven siempre el vaso medio vacío en vez de medio lleno.

Y luego existe también algo, que para mi es lo más importante y es la tendencia del ser humano a querer buscar placer y satisfacción mediante todo lo material que le rodea.

¿Por qué eso es peligroso?

Porque todas las satisfacciones que vienen de nuestro entorno, tienen fecha de caducidad.

Es decir, los bienes materiales más tarde o más temprano se acabarán.

Y cuando se acaban o te acostumbras en exceso a ellos, al final terminas sufriendo por no poder mantener ese estado de satisfacción materialista.

Ese apego a nuestro mundo real, provoca sufrimiento en estado puro.

¿Y qué puedo hacer?

Muchas cosas, pero la mejor de todas es trabajar tu Inteligencia Emocional y aprender a crecer en tu interior y no en tu exterior.

En los dos últimos artículos hemos ahondado mucho en la importancia que cobra nuestra gestión emocional a la hora de tener el mejor estilo de vida posible, y como vemos sigue habiendo capacidades muy importantes en este tipo de habilidades.

¿Por qué no invertir en mejorarlas?

No seas el típico que se ciñe a la definición básica y reducida de lo que significa Inteligencia Emocional. 

Hay mucho más detrás de ella. Cosas que pueden llegar a sorprenderte y hacer de tí la mejor versión de tí mismo.



Antonio Barragán

Author & Editor

Cuando te das cuenta que la vida que tienes no es la que realmente te gustaría tener, descubres que has desaprovechado años y años de tu existencia en hacer lo que todos hacen y sin poder hacer lo que tú quieres. ¿Sabes que eso puede cambiar? ¿Sabes que puedes crear la vida que tú desees tener? ¿Sabes que la realidad que quieras vivir, puedes recrearla cuando lo desees?. Ayudarte a que comprendas todo esto, es mi misión en este blog.

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